Receta de bolitas de Garbanzo Germinado

Actualizado: 28 ago 2020



Ingredientes:

4 T de germinados de garbanzos (12 hs. de remojo + 48 hs. de germinado) 4 dientes de ajo morado, chafados y con la piel 4 limones pequeños, el jugo 1 T de tahini blanco crudo

2 c de comino en polvo 2 T de semillas de sésamo integral 1 T de perejil picado fino 1 c de sal marina o del Himalaya 4 zanahorias medianas, recién ralladas

(unos 400 g)


Método de preparación

Cuando los garbanzos estén ya germinados, que la raíz sea más o menos el mismo tamaño que la semilla o el doble, puedes o bien licuarlos o mixearlos.

Mezcla ahora con la ayuda de una espátula el resto de ingredientes hasta conseguir una masa gruesa y homogénea, reservando solo las semillas de sésamo integral

Haz bolitas de tamaño “bombom” al gusto con la masa y rebózalas en las semillas de sésamo integral.

Deshidrata durante 24 horas a una temperatura de 38 – 42 °C. y si no tienes deshidratador, pueden estar al mínimo un ratito en tu horno, para darles un toque de calor y sellado

A la hora de servir, acompaña las bolitas con algún aderezo y sírvelos junto a una ensalada sencilla con muchas hojas verdes tiernas que ayudarán a la digestibilidad aparte de aportar vitaminas y minerales imprescindibles (calcio, magnesio, hierro, provitamina A, vitamina E, omega 3, vitamina K) imprescindibles para una salud esqueleto muscular y de los tejidos en general.

Información para ser más consciente

De las legumbres es el que más proteínas contiene, unos 21 gramos por cada 100 gramos de peso, aunque también son ricos en carbohidratos, contienen un poco más del doble que proteínas —así que ya ves que es un alimento energético—, y algo de grasas saludables.

Al germinarlo, estas proteínas se transforman en aminoácidos esenciales —todos los que necesitamos y que son realmente lo que nuestro cuerpo absorbe—. De hecho, al garbanzo se lo considera una proteína completa, ya que contiene todos los aminoácidos que necesita nuestro organismo, y en cantidades bastante elevadas.

A parte de estos macro nutrientes, son también ricos en vitaminas del grupo B, especialmente en B9 (folato), contienen provitamina A, vitamina E y K y son ricos en minerales, destacando el cobre, el manganeso, el magnesio, el fósforo, el hierro, el zinc y, en menor proporción, el potasio, el selenio, el sodio y el calcio… y por contener, contienen hasta ácidos grasos esenciales omega 3.

Como ves, lo tienen casi todo, por eso, a parte de su etiqueta contemporánea de legumbre súper proteica, tiene fama tradicionalmente de alimento antianémico, y siempre ha sido un ingrediente muy habitual en el plato de las personas que realizan esfuerzo físico intenso a diario, como los campesinos antaño.

La verdad es que, en una dieta fisiológica, no son indispensables, se pueden obtener los mismos beneficios —con menos carbohidratos— de otros vegetales. Mas se antojó probar de nuevo, ya saben los que gustan experimentar en la cocina, y prepararlos de diferentes maneras a ver qué tal… Siempre crudos, eso sí, y germinados ya que la proteína cocinada a altas temperaturas queda desnaturalizada, aumentan los carbohidratos —azúcares naturales— y se debilita el contenido del resto de nutrientes. Sin embargo, al germinar, el contenido de nutrientes se eleva de manera exponencial y son mucho más asimilables al haberse activado y haber eliminado la mayor parte de inhibidores enzimáticos de la semilla.

Las recetas son riquísimas y, aunque se sigue encontrando su digestión un poco más lenta, en pequeñas cantidades acompañados de una ensalada de hoja verde, sientan bastante bien.

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